Dije que la siguiente entrada que iba a escribir sería emotiva. Mentí. Lo siento mucho, no volverá a pasar. Pero es que después del examen, a mí lo último que me apetecía era ponerme con el libro de lingüística for dummies, que ya bastante tonta me sentía (ojo, que hoy mismo lo retomo). He estado dudando qué lectura postraumática hacer: que si Ana María Matute, que si más sobre feminismo, que si algún tochaco best-seller... Hasta que vi en la mesita de noche de mi novio el de Perra de Satán, y mira, justo lo que estaba buscando: algo divertido con lo que reírme, cortito y que no me hiciera meditar demasiado sobre el sentido de la vida y la trascendencia de nuestros actos. Ni sobre el tipo de narrador o de discurso referido. Ni sobre la importancia de la construcción de un canon literario. Ni sobre el sesgo informativo y la ideología en los medios de comunicación. ¡Hurra! ¡Un libro divertido!
Así que nada, dos nochecillas me ha durado la novela de esta señora. A simple vista puede parecer que va sobre perder peso, pero no. Bueno, también, pero eso no es lo principal. Cuenta la historia de Perra de Satán y de cómo un día decidió empezar una dieta y de camino una vida nueva, y de cómo se va dando cuenta de que bueno, que igual una cosa no tiene que incluir necesariamente la otra. Está escrito con mucha fluidez (se nota ahí que quien está detrás de Perra sabe lo que hace) y además con gracia. Una gracia que casi siempre tiene que ver con escenas muy bastas y que a más de uno podrían sentarle mal, pero que oye, a mí me han divertido una barbaridad. Como lo del Cristo de la procesión del Silencio de Zamora. Que mi madre me ha dicho miles de veces que teníamos que ir una Semana Santa a su tierra para verlo y yo nada. Pues mira, voy a ir, quiero ver si yo experimento esa misma sensación. Pero no se queda solo en eso, sino que todo se subordina al llamamiento a quererse tal y como una es y, precisamente, por lo que es.
Total, ¿que si recomendaría el libro? Pues sí. No a todo el mundo, no a alguien del opus, no a alumnos de secundaria (míos), no a una persona mayor con la que no tenga la confianza suficiente como para hablar de penes y vaginas con naturalidad. A cualquiera que no esté en esta lista, sí. E incluyo a los que sean amantes de Ana Belén Rivero, la ilustradora, que es una pasada y se luce con el dibujo final de cada capítulo (si no la seguís en las redes sociales, ya estáis tardando). Y también se lo recomiendo a la gente a la que le guste el papel agradable al tacto. Que parece una tontería, pero qué maravilla es pasar unas páginas tan gustosas como esas. Ay.
Objetivo cumplido: relajarme después de opositar. Es necesario intercalar lecturas serias con lecturas relajadas, de hecho, debería ser obligatorio.
Entretenimiento: 5/5
Calidad literaria: 3/5
Sabor de boca: 4/5
