Es raro empezar un blog en el que voy a hablar de libros con este, la verdad. No sé, una filóloga de verdad tendría que haber empezado por el último poemario de Luis Alberto de Cuenca, por el ganador del último Rómulo Gallegos o irse directamente a cantar a Eurovisión. Sin embargo, a mí me da por empezar con Barbijaputa.
¿Por qué? Pues bien, me confieso: sigo a esta Barbie con cuernos en Twitter desde algo después del 15M y no pude evitar engancharme a su blog en cuanto lo descubrí. Para mí era algo entretenidísimo leer sus entradas, me hacía sentir partícipe de un juego de cotilleo, un poco como me pasa ahora con Verdeliss y sus vídeos, solo que a través de la palabra (bien) escrita y sin tanto sentimiento de culpabilidad.
Después llegó su fama mundial de feminista a tope, su salida de Twitter, su vuelta, mi unfollow porque me calentaba la cabeza mucho, mi refollow porque en el fondo la quería, sus artículos —a veces delirantes y, los más, esclarecedores— en eldiario.es y, por último, el libro.
Leí el título cuando salió y me explotó un poco el cerebro. A ver, ¿cómo que La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal? ¿Qué clase de orden en los complementos es esa? ¿A qué pregunta implícita responde? ¿Qué hace ese «muy mal» ahí abajo, en chiquitito, en la cabeza de esa chica? ¿Por qué nadie está consiguiendo escribir el título del libro bien? ¿Por qué le está cambiando la gente el nombre y es todo la risa?
Y bueno, decidí esperar a las vacaciones para comprarlo y no caer en la tentación: estoy opositando, en mis manos tendrían que estar Pardo Bazán, Unamuno, Don Juan Manuel, Cadalso, Quevedo, Cervantes, Mihura y toda esa gente bien cuyas efemérides se conmemoran. Peeeeeero, ahí estaba mi Sant Jordi velando por mi diversión.
Seguí con mi firme propósito de esperar a verano para leerlo. Tenía entre manos Lo Real de Belén Gopegui y necesitaba terminarlo para después no empezar nada fuera del canon. Como podréis suponer, no cumplí mi palabra y esta semana me lo he ventilado en tres noches de lectura.
Una vez que he situado mi estado de lectura —porque este blog pienso escribirlo así, contextualizando mi lectura, lo acabo de decidir, esa va a ser mi metodología crítica—, paso a decir qué me ha parecido. Pues bien, me ha gustado. El libro trata de Bárbara, Barbi para los amigos, una chica andaluza, joven, que consigue un trabajo en Airspain y que tiene que lidiar con ser una mujer independiente, con el amor, la familia, y con saber quién quiere ser y cómo quiere serlo. Para ello, por supuesto, escribe una historia en primera persona que comienza in media res y en la que intercala fragmentos de su infancia a base de analepsis, lo que le da un cierto equilibrio, juego y variedad al relato que evita la monotonía.
Ha cumplido mis expectativas casi al completo, (aunque no me puedo creer aún que no haya contado su historia de las bragas en Nueva York, seguro que hubiera cuajado en algún momento). Y si las ha cumplido, es porque me esperaba unas memorias encubiertas, con cierto punto de ficción, que ahondara en sus sentimientos como mujer, tratara su «conversión» al feminismo, y que no tuviera pretensiones de gran calidad estética. Me he reído, lo he pasado regulín y en algunos momentos me ha hecho pensar. Me he agobiado un poco con algunos fragmentos que no sabía si la estaban describiendo a ella o a mí —ha conseguido expresar perfectamente muchos de los asuntos que nos incumben a nosotras, en estos años, con esa edad—y, lo más importante para mí en estos momentos, me ha enganchado.
Obviamente, quien espere encontrarse un libro que esté expresivamente pulido, que profundice en cambios sociales, que indague en lo más profundo de la mujer, no lo va a encontrar. Pero no porque ella no sea capaz de hacerlo (quizá, algún día, con su nombre real, sin que sepamos que es ella), sino porque no es lo que se pretende con este libro, a mi juicio. A pesar de ello, sí que se presta a que tú reflexiones más sobre los aspectos de los que trata: la no-maternidad, la pobreza, el mundo laboral y la sexualización de la mujer en determinados empleos o, muy de puntillas, la discriminación lingüística/dialectal.
En definitiva, un libro que no pasará a la Historia de la Literatura, pero que es ameno, sencillo y con el que pasar un buen rato, que es mucho.
Entretenimiento: 5/5
Calidad literaria: 2,5/5
Sabor de boca: 4/5

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