Si ya iba con prejuicios, ahora iba a ser peor. Y eso que yo fui de las que se tragó las últimas temporadas de FoQ en la carrera como la que más, pero eso, sabiendo que era todo muy absurdo aunque entretenido.
Seguí con el libro. En un punto determinado, me dio la sensación de que sabía cómo iba a terminar (casi acierto, pero no), y cuando tengo esa sensación mientras estoy andando por la calle, sin leer, es que algo me ha enganchado. Ayer por la noche a eso de las doce y media decidí ponerme un ratillo hasta quedarme dormida. Craso error. De pronto, el libro escrito nada más que regular y con personajes planos me tenía atrapadísima. Me quedan doscientas cincuenta páginas, es la una y cuarto, cómo no voy a terminarlo. Vaya, son ya las dos y media, pero es que esto está a punto de resolverse. Bueno, por fin, son las cuatro menos veinte, pero por lo menos ya me quedo tranquila.
El que te quedes tranquila después de leer un libro no sé si es del todo una buena señal. A mí me gustan los finales abiertos, cabrearme con el autor para después amarlo por haberme dejado seguir imaginando libremente con sus criaturas. Pero en este caso, de verano, me dio tranquilidad saber cómo concluía todo.
¿Lo recomiendo? Sólo para esta época y para quien no tenga muchas ganas de pensar pero sí de picarse con un libro. Que nada más busque eso: entretenimiento, un poco de tensión, ligeros toques de humor y una escritura llana. No te va a dejar demasiado desorden en la cabeza.
Entretenimiento: 5/5
Calidad literaria: 2/5
Sabor de boca: 3/5

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